Ana Mercado




Las siguientes obras reunen dos proyectos que dialogan en torno a la pérdida, el tiempo y la persistencia de lo afectivo, proponiendo una mirada honesta sobre aquello que permanece incluso después del final.Esperándote con ansia es una serie fotográfica que explora el inicio de un duelo amoroso desde la mirada de un protagonista masculino. Las imágenes se sitúan en el momento de la despedida, cuando una relación ha terminado pero aún persiste en el cuerpo y en la memoria. El proyecto indaga en la espera, el deseo y la vulnerabilidad que emergen en ese instante suspendido, donde el adiós no termina de pronunciarse y el contacto aparece como el último intento de permanencia.
Con el diario del lunes narra la vida breve de un personaje atravesado por pérdidas, amores y silencios. A través de una narrativa visual íntima, el proyecto reflexiona sobre la madurez tardía: la comprensión de lo vivido cuando ya no puede modificarse, pero sí ser observado con una nueva conciencia.

¿De qué manera se entrelaza tu historia con la fotografía?

La fotografía y mi historia personal no son dos caminos separados: son el mismo recorrido.

Todo lo que hago nace de experiencias concretas que viví, de emociones que todavía sigo descifrando, de momentos que me marcaron. La fotografía funciona como mi manera de procesar lo que me atraviesa. Cuando aparece una idea o una temática, no lo hace por casualidad; surge porque dentro mío algo se movió, rompió o transformó. En ese sentido, fotografiar para mi, es interpretar la vida con el diario del lunes.
Trabajo mucho con la repetición porque los sentimientos no son lineales. Vuelvo a un mismo concepto desde distintos puntos de vista porque cada nueva mirada me revela algo distinto. La imagen me obliga a mirar otra vez, a revisar, a cuestionar. Y en ese proceso se van desplegando capas, memorias, contradicciones. La repetición no es un recurso estético, es una forma de insistir sobre aquello que no termino de entender. A su vez, busca una compasión de su receptora. Lo onírico aparece porque para mí la memoria funciona así: fragmentada, mezclada con lo deseado, lo temido y lo que nunca pasó pero podría haber pasado.

A través de lo onírico puedo dramatizar un recuerdo o suavizar una herida, puede amplificar una emoción o resignificarla. No busco representar lo real como fue, sino cómo se sintió. Mis obras son reconstrucciones emocionales antes que representaciones objetivas. Por eso digo que mi historia y mi fotografía se entrelazan: lo que siento se vuelve imagen.













¿Cómo funciona tu proceso creativo al momento de crear una secuencia fotográfica?

Mi proceso creativo siempre empieza por dos fuerzas fundamentales: un sentimiento claro y un título. El título es la punta del hilo. Es lo que me permite tirar y empezar a desarmar el nudo. Necesito encontrarlo antes de avanzar porque me marca el tono emocional, la carga simbólica y el sentido general del proyecto. Si el título no aparece, siento que la obra está dispersa; cuando aparece, todo empieza a ordenarse. Una vez que tengo ese punto de partida, comienzo a pensar en quiénes tienen que habitar la historia. No elijo personajes por estética, sino por lo que representan dentro del relato.

Me pregunto qué cuerpo necesita esa emoción, qué tipo de presencia la sostiene, cómo se mueve dentro del encuadre. Para mí, el cuerpo en la fotografía es el primer narrador: dice incluso aquello que no se dice. Después entro en un proceso muy sensorial: revisito mentalmente lugares que guardé. Tengo un archivo interno de locaciones que me llamaron la atención por su atmósfera.


Cuando desarrollo un proyecto, las imagino habitadas por los personajes que ya definí. Veo cómo la luz les pega, cómo respiran en ese espacio, qué tensiones surgen. Pienso en un diálogo, que se dicen y por qué. Me remonto a conversaciones que por su peso las guardo en mi memoria, las boceto intentando recordar el tono de voz de su emisor. Finalmente, vuelco todo a un storyboard. No lo hago desde un lugar rígido, sino como un mapa emocional. Pienso planos, ángulos, movimientos, pero siempre dejando lugar a lo que pueda aparecer en el momento. El storyboard me permite ver la secuencia como una película interna. Es el momento donde entiendo qué quiero contar y cómo quiero que el espectador transite esa experiencia. Es una mezcla entre intuición organizada y estructura sensible.










¿Qué te inspira a construir narrativas fotográficas?

Me gusta imaginar el diálogo silencioso entre la obra y quien la mira. No pienso en un público general, sino en el destinatario que originó la obra: la musa. Esa figura puede ser un él, una ella o un ellos; alguien que falleció, alguien que ya no forma parte de mi presente, o una presencia que dejó una marca difícil de borrar. No se trata necesariamente de un vínculo romántico, sino de una intensidad emocional capaz de mover algo dentro mío y, a partir de ahí, activar la necesidad de crear. Al mismo tiempo, siempre dejó un mensaje para mi propia versión futura. Es una manera de darme pistas, de ayudarme a entender o releer los procesos de la vida cuando vuelva a encontrarme con esas imágenes. Como si las fotos fueran cartas hacia adelante. Me pregunto qué impacto tendría la obra en esa figura inspiradora: si podría afectarle, si tocaría una herida que compartimos, si la rechazaría, si algo de la imagen quedaría resonando en ella. Los destinatarios mutan, desaparecen y regresan transformados. Se vuelve un puente entre diferentes tiempos, versiones y memorias.

Un profesor una vez habló del “arte de lo no dicho”, y esa idea me marcó profundamente. Me interesa trabajar con todo aquello que quedó sin pronunciar, con lo que se dijo de más, con lo que se malinterpretó. Mis personajes funcionan como portadores de esas múltiples perspectivas: cada uno sostiene un pedazo de una conversación que nunca se terminó de cerrar. Me gusta imaginar que mis secuencias construyen un pequeño multiverso de significados, donde las emociones pueden convivir sin la necesidad de explicarse del todo.


Construir narrativas fotográficas vuelve más rico el proceso y más claro el mensaje. La imagen sola respira, pero cuando la organizó en una secuencia siento que cobra un sentido más amplio, casi cinematográfico. Contar un fragmento de historia es una forma de acompañar al espectador, de ofrecerle un camino posible para que pueda entrar en mi mundo emocional sin perderse. Es mi manera de tenderle la mano y decirle: soy el que lo piensa por los dos.












¿Qué importancia tiene para vos ser artista joven hoy?

La verdad es que no me detengo demasiado a pensar qué significa “ser artista joven”. No lo vivo como una identidad ni como un título, sino como un estado. Creo que cualquier persona podría crear si tuviera la necesidad o el impulso, entonces no me siento especial por hacerlo. Para mí, el mérito de la creación recae en la honestidad. Ser artista joven, si tengo que decirlo de alguna manera, es convivir con el reto constante de aprender mientras hago. Todavía estoy formándome y no tengo todas las respuestas, pero tal vez ahí está lo valioso: en crear desde un momento de transición, de pruebas, de búsquedas. No me interesa hablar en nombre de nadie. Lo que sí me importa es poder usar este tiempo de la vida como materia prima. Si ser artista joven significa algo para mí, es eso: trabajar desde la urgencia emocional, y permitir que todo eso se vea. La obra termina siendo el registro de cómo estoy aprendiendo.





Hay una fuerte presencia del deseo, el instante y los procesos madurativos en tus proyectos, crees que esas son sensaciones que definen tu proceso como artista?

Sí, totalmente, porque son temas que siguen marcando mi vida. Mis proyectos hablan de deseo, de amor, de amistades, de despedidas y de esa mezcla entre adolescencia y juventud donde todo se siente al límite. Son procesos que todavía estoy transitando y por eso vuelven una y otra vez en mis imágenes, no porque quiera repetirlos, sino porque siguen vivos.

Lo romántico fue, en muchos sentidos, lo que más me empujó a crecer. La necesidad de estar a la altura de alguien, de ser mejor, de madurar antes, hizo que ciertas emociones se revelan a destiempo. Entender que cada persona vive el tiempo distinto puede ser frustrante, porque uno siempre desea que las historias coincidan. Ese deseo de amar, de conectar, de imaginar un futuro posible, se volvió casi un reflejo instintivo. A veces la fotografía es la única manera que tengo de calmar esa ansiedad: crear un felices por siempre.
Los procesos madurativos también están muy presentes, como lo describe la frase faltan cinco para el peso. Se vuelve una mezcla de nostalgia, aprendizaje y revisión. Creo que todo eso define mi proceso creativo porque es, en el fondo, lo que me define como persona en este momento de la vida. Fotografío para entender lo que me pasa y para explicarme a mí misma por qué sigo deseando tanto.





Al enfrentarse a un contexto de cambio, ¿de qué manera el arte joven ofrece una mirada diferente a un mundo lleno de cambios e incertidumbres?

Mi generación creció en medio de cambios constantes: vínculos que cambian rápido, identidades que se transforman, futuros que no están asegurados, una vida que se mueve más veloz de lo que podemos procesar. Crear en ese contexto inevitablemente hace que nuestras obras salgan marcadas por esa incertidumbre.

No creo que tengamos una respuesta distinta al mundo, pero sí tenemos una forma distinta de mirarlo. No buscamos certezas: trabajamos desde la duda, desde la transición, desde lo que todavía no se resolvió. Tal vez eso es lo que vuelve particular al arte joven: no pretende ser definitivo, ni perfecto, ni cerrado. Se permite mostrar lo frágil, lo inestable, lo que todavía estamos intentando descifrar. Y en un mundo lleno de cambios, esa sinceridad puede ser una forma de resistencia. Crear desde ese lugar ya es, de por sí, una perspectiva.
ARCHIVIUM
Creating spaces to exhibit what unites us



Archivium is a traveling museum, archive, and press that strives to create a transparent and ethical medium for artists.About Archivium
Current exhibit.
Archive
Gallery

archiviumstudio@gmail.com

@archivium.studio

@archivium.studio


All Rights Belong to Respective Owners; Otherwise © 2026 Archivium. / Todos los derechos pertenecen a sus respectivos propietarios; en caso contrario © 2026 Archivium.